Diario de León

la opinión del lector

Respuesta a la jefa del Servicio de Hematología

Publicado por
José Luis Díez Rodríguez, en representación de la familia Díez Rodríguez
León

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En esta misma sección y bajo el titular «La sinceridad y la ética médica se penalizan en León», la jefa del Servicio de Hematología del hospital de León hacía ayer una serie de afirmaciones en relación con una sentencia condenatoria por un «error médico» con resultado de muerte, al que queremos contestar. Señora jefa de Hematología del Hospital de León: Es comprensible, y hasta encomiable, tratar de defender a un compañero en apuros. Que esa defensa llegue hasta el hecho de faltar a la verdad es, cuando menos, poco ético; pero que se remate con una traca final de descalificaciones, juicios de intenciones e insultos a la familia de una víctima de un «error médico» es, decididamente, miserable. En el citado escrito afirma que «el médico comunicó inmediatamente el hecho», sin embargo la inspección médica posterior determinó que «Este día el Dr. ddddd acude a planta para administrar la quimioterapia intratecal a la paciente sobre las 14 horas. Una vez preparado el campo, la enfermera entrega al facultativo, de forma inadvertida por ambos, una jeringuilla de 20 ml que contenía 2 mg de Vincristina. Tras administrar el primer mililitro, el Dr. advierte el error interrumpiendo la administración del fármaco, dejando drenar de 1/5 a 2 ml de líquido cefalorraquídeo (Icr) a través del catéter y solicitando de la enfermera la administración por vía intravenosa de 20 mg de Dexametasona. Tras comprobar que el estado de la paciente es normal, continúa con la administración de la quimioterapia intratecal prevista (Arabinósido de Citosina, Metotrexato e Hidrocortisona). «A las 15 horas el Dr. ddddd comunica al jefe de Servicio (en ese momento en funciones por ausencia del titular) el error médico producido». Además dice usted que «se comenzó inmediatamente a lavar el medicamento de la médula espinal». Por el contrario, la inspección médica reconoce que tras una serie de reuniones, consultas e informes «a las 20-22 horas se inician los lavados de líquido cefalorraquídeo». ¿Dónde está la inmediatez? También se puede faltar a la verdad ocultando parte de la verdad: Dice usted que «la enfermera da al médico la jeringuilla equivocada», pero omite que es obligación del médico comprobar la jeringuilla antes de utilizarla; nosotros tenemos otra versión ligeramente matizada, pero no tenemos por costumbre hacer afirmaciones que no podamos demostrar y, por otra parte, matizar esta afirmación corresponde a la enfermera: No obstante no podemos evitar comentar que nos parezca feo escurrirse de las propias responsabilidades parapetándose detrás de una subordinada. Hemos leído la sentencia: En ninguna parte encontramos que se penalice la sinceridad y la ética médica como usted proclama en su titular. Lo que se penalizan son otras cosas; la sinceridad (inicial) ya está tenida en cuenta como atenuante en la sentencia. ¿Por qué falsear la realidad? Quien lo hace para defenderse está reconociendo que la verdad no le absuelve. En una cosa estamos plenamente de acuerdo con usted y es cuando cita «no se trata de buscar quién causó el error sino analizar qué circunstancias motivaron el error». Tan es así que esta familia tan poco ética pidió a su abogado que las actuaciones las realizara contra la Administración (el sistema) que había permitido el clamoroso incumplimiento de sus propios protocolos, la escandalosa demora en la reacción y que una enfermera sin experiencia (para nosotros, otra víctima más) tuviera que manipular un material desconocido para ella. Fue la jueza (le recordamos que adicionalmente al propio Ministerio Fiscal, cumpliendo su obligación de perseguir el ilícito penal) quien, ante los hechos presentados, actuó contra dos personas: no era eso lo que hubiéramos preferido porque tal como consta en el informe del Coordinador de Inspección entendemos que «El error producido se considera que responde a un funcionamiento anormal de la Administración Sanitaria, que la paciente no tiene el deber jurídico de soportar». Lo que sí acogió la jueza fue la aceptación del acuerdo de conformidad por el que, a instancias de esta familia tan impresentable se rebajaba la petición de pena de dos años de cárcel y tres de inhabilitación a uno solo en ambos casos, «para no perjudicarles gravemente en el ejercicio de su profesión», aunque el Ministerio Fiscal pidiera cuatro años para cada uno de los acusados (¿conoce usted muchos juicios en los que las víctimas pidan penas inferiores a las del fiscal?). Podríamos habernos unido a la petición del fiscal y negociar con el acusado rebajar la petición de pena a cambio de una pasta; sorprendentemente, esta familia ávida de dinero no sólo no lo hizo, sino que además pidió a su abogado rebajar la petición de pena. Visto el concepto en el que usted nos tiene, tal actitud debe obeceder a que, aparte de buitres, somos imbéciles. ¿Por qué nos insulta? ¿De qué nos conoce? ¿Cuándo ha hablado usted con alguno de nosotros? ¿Por qué nos trata como si en este caso fuéramos el verdugo y no las víctimas? ¿Cómo se atreve a decir que «sólo el dinero fue el motivo de esta vergonzosa denuncia»? No sentimos ninguna necesidad de desmentir el retrato que hace de nosotros. Sabemos quiénes somos, lo que sentimos, lo que hacemos y por qué lo hacemos. Usted no tiene ni la más remota idea. Su aquí demostrado escaso respeto por la realidad le da a sus improperios la credibilidad que se merecen. ¿No sabe usted decir «perdón», fue un error? Duerma usted en paz.

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