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PANORAMA antonio papell
León

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L a historia viaja muy deprisa en este país, pero a veces es necesario echar una mirada retrospectiva para saber a ciencia cierta dónde nos encontramos. Y no está tan lejos la etapa en que Ciudadanos y el PSOE viajaban juntos. Tras las elecciones generales de finales de 2015, y después de que Rajoy se negara a intentar su propia investidura por no contar con apoyos suficientes para conseguirla, Pedro Sánchez sí aceptó el encargo del rey y pidió la confianza al Congreso en coalición con Ciudadanos. En febrero de 2016, los dos partidos presentaban un Acuerdo para un gobierno reformista y de progreso , negociado en quince días, estructurado en siete ejes y condensado en 66 páginas, de corte muy abierto y claramente anclado en el centro-izquierda. Como se recordará, la investidura de Sánchez no salió adelante porque Pablo Iglesias, que en un cierto momento pareció estar dispuesto a apoyarla para sacar a la derecha del poder, la vetó, en el error irreparable que sin duda constituye la clave de su derrumbamiento posterior. Gracias a él y a la ruptura interna del PSOE, Rajoy consiguió auparse al gobierno tras las elecciones de junio de 2016 y gobernar hasta la moción de censura del pasado junio. A lo largo de la legislatura, la decadencia de Rajoy y del PP fue muy notoria, aunque consiguiese por un cúmulo complejo de razones sacar adelante con retraso los presupuestos de 2018 (el apoyo principal provino de Ciudadanos, que no quería elecciones todavía por lo que luego se dirá). Durante este periodo, Albert Rivera fue constatando que el PP se iba diluyendo electoralmente y que, de seguir aquellas tendencias, Ciudadanos podía convertirse en el principal partido de la derecha.

Pero el PSOE, con su líder fuera del Parlamento, tenía aparentemente grandes dificultades para levantar cabeza. a menos que ocurriera algo traumático, como lo que finalmente ocurrió: una sentencia demoledora sobre la corrupción que negaba credibilidad testifical al propio Rajoy.

La iniciativa de Sánchez descolocó a Cs, que inexplicablemente se puso de parte de Rajoy. Ciertamente, ya había tenido lugar el deslizamiento de Rivera a estribor, y hubiera sido difícil de explicar otra postura, pero la salida de la política de la Rajoy y la llegada de Casado, dos años más joven que el líder de Cs, ubica a Ciudadanos y al Partido Popular en la misma plataforma de lanzamiento. Casado está recargando ideológicamente al PP y podrá zafarse con facilidad de los lastres relacionados con el pasado corrupto del partido, por lo que no sería extraño que recuperara en buena parte de la clientela que fue desertando a media que los populares se hundían en el cenagal. Quiere decirse, en fin, que Rivera y Casado están superpuestos en el mismo espacio, que ambos intentarán conquistar con parecidos argumentos. A menos que Rivera intente regresar al centro político, tarea nada fácil porque ahora el PSOE, ya en el poder, lo ha ocupado prácticamente por completo.

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