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FERNANDO ÓNEGA
León

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HOY es uno de esos días en que España mira a sus juzgados. En el País Vasco, porque el Tribunal Superior ordena abrir juicio oral contra Ibarretxe, dos políticos socialistas y cinco dirigentes de la ilegal Batasuna. En Madrid, porque se hace pública la sentencia del 11-M. Son dos acontecimientos absolutamente distintos, de diferente importancia histórica, pero unidos por su repercusión política. Uno provocará una impresionante ceremonia de victimismo, de las que tanto gustan al lendakari y a su partido, especiali stas en presentar cualquier acción del estado de derecho como una persecución a las instituciones autonómicas. Desdichadamente, tendremos muchos días para comentar su desarrollo y desenlace. El otro, la sentencia del 11-M, es el gran asunto del día. Y mucho me temo que el gran asunto de los próximos meses, hasta las elecciones. Lo que hemos visto y oído en las últimas horas ha sido una disposición de las fuerzas políticas mayoritarias para iniciar un ataque en toda regla. Coincidirán en un aspecto: en respetar la sentencia y alabar el buen trabajo del tribunal. Pero harán un aprovechamiento partidista que me atrevo a calificar como espectacular. Y no estarán solos. Los medios informativos se alinearán al lado de uno y otro, según las posiciones que hayan mantenido hasta ahora. Dispónganse ustedes a ver cómo el Partido Socialista siente una tentación irrefrenable de recordar las mentiras, reales o supuestas, del Partido Popular. En esa dirección apuntan las palabras de José Blanco del pasado lunes. No es difícil suponer intenciones: al PSOE le viene bien volver a centrar la discusión política en el 11-M, su recuerdo y el fondo de la guerra de Irak. Es una forma de olvidar todo lo demás y de situar al PP en una línea incómoda, donde sus debilidades son muy superiores a sus fortalezas y donde la derecha tiene dificultades para conseguir respaldos de la opinión. Y eso lo sabe el PP. Y, como lo sabe, se apresura es salirse de la teoría de la conspiración y asegurar que nunca la sostuvo ni la alentó. Es enternecedor ver cómo aquellos líderes que lanzaban la sospecha de la autoría de ETA aseguran ahora que nunca pensaron ni dijeron tal cosa. Según se desprende de las palabras de Acebes y Zaplana, la conspiración habría sido una teoría de algunos medios informativos. Quizá estemos a las puertas de una gran ceremonia de cinismo. Va a ser cuestión de echar mano de los archivos y las grabaciones. Espero que no sea preciso. La sentencia va a establecer la verdad judicial. Y, respecto al pasado, la sociedad sabe muy bien quién le engañó, quién le manipuló y quién tuvo la desvergüenza de obtener rentabilidad del día más triste que cabe en nuestra memoria.

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